Pues de esta guisa cogimos un autobús en la estación Multicentro hacia Albrook, en el que por cierto nos dejaron ir gratis (por aquello de no tener suficiente carga en la tarjeta). En Albrook, a las 6 de la mañana había infinidad de personas comiendo pollo frito (de diferentes restaurantes de comida rápida: KFC, Pío Pío...), que es lo que más se estila en la ciudad porqué es lo más barato, sí, pollo frito para desayunar (y comer, merendar y cenar). Después de mil vueltas por la estación, mucho preguntar y que nadie supiera donde se cogía nuestro autobús (imaginadnos así de cargados dando vueltas), por fin dimos con el autobús que va a Cañita, en el que pagamos 3$ por cabeza. Para ir a San Blas hay que pedirle al conductor que te avise al llegar al cruce hacia San Blas, y él lo hace sin problemas, es la primera parada después del almuerzo en Chepo, donde por fin pudimos comer unas empanadas de queso (después de un mísero kiwi a las 5h).
Al llegar al cruce había unas 6 personas más, además de un montón de basura (la gente lo tira TODO al suelo sin importar si alguien les ve, pues a todo el mundo le parece normal). Nos unimos a ellos haciendo dedo para que alguien nos llevara hasta el puerto, ya que el camino son unos 20Km de subidas, bajadas, barro, lluvia, baches...Tardamos unas 2h hasta que un buen hombre transportador de plátanos nos cogió. Tan solo 2 minutos después de subir al coche empezó a diluviar, por lo que tuvimos que embutir todo el equipaje (que iba afuera donde los plátanos) con nosotros, ¡casi muero asfixiada! En la aduana, por ser extranjeros pagamos 20$, ¡y seguimos pa'lante! El hombre nos dejó en Puerto Cartí, donde nos cobraron 35$ por cabeza, ida y vuelta (el precio del bote son 70$ y se reparte entre los ocupantes, pero nosotros íbamos solos).
¡Súper emocionados por el paraíso que nos esperaba el trayecto de 40 minutos se nos pasó volando!
Llegamos a Isla Perro Chico, yo con mi pie como un chorizo de inflado, y los Kuna Yala nos recibieron, nos explicaron las normas y nos ayudaron a montar la tienda.
Si llevas tu tienda la noche sale a 8$ por persona. ¡Ojo con montarla debajo de palmeras con cocos!¡Caen con una velocidad y desde una altura que podrían matarte!
Cuando estuvimos instalados nos fuimos a hacer snorkel al barco hundido, del que nadie nos supo explicar la historia. Pasamos el resto del día descubriendo la infinidad de peces de colores que existen (¡es como una pecera de ricos!), flipando con el paisaje y tirados en la arena blanca.
Vimos que nuestra tienda no tenía mucha protección para la lluvia (a pesar de la etiqueta de impermeabilidad), así que cogimos un plástico que vimos por allí y la cubrimos. Gracias a eso esa noche no nos mojamos.
Al día siguiente nos quitaron el plástico, pero un Kuna muy amable nos dejó otro y un colchón. Además nos dijo que si llovía mucho podíamos alojarnos en una tienda techada (que en realidad se paga a parte, pero él nos hizo el favor).
¡Triunfamos! Aquella noche después de cenar conocimos a Simone, un italiano enamorado de los Kuna, y pasamos muy buen rato charlando con él y 3 chilenas adorables (madre e hija que viajan juntas). ¡Menos mal que dormimos en la tienda techada, porqué por la mañana nuestra tienda estaba completamente inundada!
El domingos suelen ir muchas familias panameñas con su "cooler" a pasar el día comiendo, bebiendo y escuchando reggaeton a todo trapo, pero el lunes aquello se queda tranquilísimo, tanto que solo quedamos nosotros y Simone.
Cambiamos totalmente los horarios, nos íbamos a dormir antes de las 22h y nos levantábamos antes de las 6h, hora a la que David salía corriendo para ver rayas.
Con tan poquita gente allí hicimos muy buenas migas con los Kuna.
Yane, una Kuna muy "salá", nos servía la comida y se quedaba con nosotros mientras comíamos y el resto de su tiempo libre; Eliscano y Fabio, dos de los jefes de la isla, nos contaban historias de sus vidas y de las islas; y con los chicos Pedro, Ramón, Abdiel, Eche...jugábamos todas las tardes a volley.
En la isla hay muchas corrientes y alguna vez ha habido algún accidente de alguien ahogado o que no podía regresar a la orilla, y los chicos están preparándose para socorrer a la gente que lo necesite. David es Dive Marster y tiene el título del Rescue y el de primeros auxilios, así que estuvo ayudando a los chicos, les hizo un resumen escrito de los tipos de corrientes y de emergencias e hicimos una performance de cómo rescatar a alguien y cómo actuar en cada caso.
Como cortesía por ello nos dieron de desayunar, comer y cenar un par de días rico pescado recién cogido, patacones, arroz con coco y alguna que otra birrilla...
Hasta el miércoles estuvimos con Simone explorando las islas de alrededor, buceando, charlando y bebiendo ron abuelo...
...y el mismo miércoles llegaron Josep y María, con quienes decidimos quedarnos allí hasta el domingo, 4 días más de lo previsto, ¡no nos queríamos ir! ¿Quién no ha soñado nunca estar en una hamaca bajo un cocotero en el Caribe? ¡Pues ahí estábamos nosotros!
Con ellos los días de lluvia nos los pasamos haciendo macramé, Gigi, una chica Kuna me enseño a hacer unas mariposas preciosas, ¡pan caliente!
Un día intentamos pescar (con ensaimada dura y piel de plátano) y otro fuimos a ver tiburones gato, ambas cosas sin éxito, aunque luego fuimos a ver estrellas de mar y volvimos la mar de contentos.
Yane me dejó probarme su mola, el traje regional de las mujeres Kuna. ¡Es súper bonito!
¡La última noche los Kuna nos sorprendieron para cenar con langosta, patacones ensalada y fruta y nos emocionamos muchísimo!
Esa noche se unieron una pareja de franceses y un de panameños con quienes cenamos e hicimos una gran hoguera que duró 6 horas (a pesar de haber estado un buen rato lloviendo y estar todo húmedo ¡lo logramos!), con música, cervezas y muchas risas...¡un placer!
Dormimos en nuestra tienda, pues los franceses habían ocupado la techada, y dormimos es un decir, porqué estuvo toooooda la noche lloviendo y nos mojamos enteritos (David iba pedo y no se enteró de nada).
A las 7h vino a buscarnos nuestro bote y ya partimos de nuevo hacia Panamá City en el coche en el que había venido Josep y María. En la aduana, paraban a todos los coches para registrar las maletas y nosotros, todos con resaca, aprovechamos el parón para bajar de coche y uno cagó, uno meó y uno potó...y no nos registraron nada, solo nos pidieron el pasaporte, ¡qué caras llevaríamos!
Por fin llegamos a la ciudad vivos, ¡pero eso ya es otro capítulo!
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