Nos levantamos al día siguiente, desayunamos, lavamos la ropa en la duchas para no tener que pagar la lavadora, y la tendimos con la esperanza de que estuviera seca al día siguiente. La idea para pasar el día era ir a pasear a la Central a comprar unos hilos de macramé, recomendada por las chicas Kuna, comer algo en el Mercado de Mariscos y quedar con Eliscano, uno de los jefes Kuna, para que nos enseñara su restaurante en la capital. Salimos dirección la Central, desafiando todo consejo de coger un taxi para llegar hasta allí, pues en la ciudad nadie camina, y si preguntas por una dirección, en vez de dártela te dicen que agarres un taxi, aunque caminando haya diez minutos. Caminamos durante horas por la cara escondida de la ciudad. Allí ya no hay edificios altos y nuevos, sino más bien viviendas bajas y muy antiguas, y bastante más basura que en la "fachada principal".


Toda la calle, a lado y lado son tiendas enormes de ropa, complementos, zapatos, cosméticos y trastos varios, todo baratísimo. Además de eso las aceras están llenas de paraditas de comida, verduras y frutas carísimas y quiosquitos que venden un poco de todo (gomas, accesorios para el pelo, mecheros, bolsos...).
Por las paredes se pueden ver dibujos preciosos a todo color.





Encontramos un par de tiendas donde vendían hilos de macramé y un supermercado con precios bastante asequibles (Super 99), pero como no queríamos cargar peso lo dejamos todo para el día siguiente. Cuando se acabó la calle comercial empezamos a bajar hacia el mar hasta llegar al casco viejo, dimos una vuelta por las paraditas de artesanía y nos dirigimos al Mercado de Mariscos a comer, donde el ceviche de pescado vale 1,5$.



Más tarde llamamos a Eliscano desde una cabina, pero no pudimos contactar con él y volvimos por la Central al hostal.

Estuvo todo el día lloviendo, así que la ropa ya se secaría al día siguiente..
Nada más despertarnos al día siguiente nos bañamos en la piscina entre pájaros carpinteros y colibrís y salimos de nuevo hacia la Central.
Nos paramos en el súper 99, el supermercado barato, a comprar comida para dos o tres días, ya que al día siguiente nos íbamos a Coclé. cuando salimos íbamos cargadísimos, así que cogimos dirección al hostal a dejarlo todo, pero a medio camino se puso a llover y paramos en una fonda a comer (un plato enorme por 3$). Ya no paró de llover hasta por la tarde, por lo que nos quedamos en el hostal hasta más o menos las 20h. A todo esto, la ropa, por supuesto, seguía mojada...
En el hostal conocimos a un chico costaricense, Alonso, que nos propuso acompañarle a ver el partido Panamá-Costa Rica, y dio la casualidad de que Simone iba a ir a mismo bar a ver el partido, así que allí coincidimos todos, en el bar Chante, en Vía Argentina. Estuvimos viendo el partido con Simone, el chico de Costa Rica y sus amigos, bebiendo cerveza, que más tarde pasó factura, y echando unas risas...por cierto, ¡ganó Costa Rica!
Como al día siguiente la ropa aún no se había secado pero ya queríamos irnos de Ciudad de Panamá, decidimos lavarla y secarla en las lavadoras del hostal, que aunque en realidad costaba 5$ a nosotros no nos cobraron nada. Ese día estuvimos todo el día en el hostal tejiendo algunas tobilleras que me había encargado y planeando el próximo destino. Allí habíamos conocido al Nigga Sibilino, un cantante de rap venezolano, y a su manager, que justo esa noche hacían un Showcase en un bar del casco antiguo y nos invitaron a ir. A las 19h salimos del hostal y caminamos hasta allí, cenamos por el camino y llegamos al bar Omplog (creo que se llamaba así), guiados por un chico que nos pidió alguna monedilla por habernos acompañado.

La presentación estuvo muy bien, o eso decían todos, pues yo estaba muerta y me quedé dormida en uno de los sofás. Después de eso nos quedamos un rato allí, birreando y jugando al billar y nos llevaron de vuelta al hostal en coche. Esa noche dormimos en una habitación compartida, ya que nuestra tienda la habían reservado, ¡y qué noche! Había un chino borrachísimo que parecía que estaba poseído, no paraba de chillar, dar golpes en las paredes y hacer ruidos fuertes súper raros...¡incluso se cayó de la cama!
Al día siguiente armamos las mochilas para ir al Valle de Antón, pero eso ya es otro capítulo...


Toda la calle, a lado y lado son tiendas enormes de ropa, complementos, zapatos, cosméticos y trastos varios, todo baratísimo. Además de eso las aceras están llenas de paraditas de comida, verduras y frutas carísimas y quiosquitos que venden un poco de todo (gomas, accesorios para el pelo, mecheros, bolsos...).
Por las paredes se pueden ver dibujos preciosos a todo color.





Encontramos un par de tiendas donde vendían hilos de macramé y un supermercado con precios bastante asequibles (Super 99), pero como no queríamos cargar peso lo dejamos todo para el día siguiente. Cuando se acabó la calle comercial empezamos a bajar hacia el mar hasta llegar al casco viejo, dimos una vuelta por las paraditas de artesanía y nos dirigimos al Mercado de Mariscos a comer, donde el ceviche de pescado vale 1,5$.


Más tarde llamamos a Eliscano desde una cabina, pero no pudimos contactar con él y volvimos por la Central al hostal.
Estuvo todo el día lloviendo, así que la ropa ya se secaría al día siguiente..
Nada más despertarnos al día siguiente nos bañamos en la piscina entre pájaros carpinteros y colibrís y salimos de nuevo hacia la Central.
Nos paramos en el súper 99, el supermercado barato, a comprar comida para dos o tres días, ya que al día siguiente nos íbamos a Coclé. cuando salimos íbamos cargadísimos, así que cogimos dirección al hostal a dejarlo todo, pero a medio camino se puso a llover y paramos en una fonda a comer (un plato enorme por 3$). Ya no paró de llover hasta por la tarde, por lo que nos quedamos en el hostal hasta más o menos las 20h. A todo esto, la ropa, por supuesto, seguía mojada...
En el hostal conocimos a un chico costaricense, Alonso, que nos propuso acompañarle a ver el partido Panamá-Costa Rica, y dio la casualidad de que Simone iba a ir a mismo bar a ver el partido, así que allí coincidimos todos, en el bar Chante, en Vía Argentina. Estuvimos viendo el partido con Simone, el chico de Costa Rica y sus amigos, bebiendo cerveza, que más tarde pasó factura, y echando unas risas...por cierto, ¡ganó Costa Rica!
Como al día siguiente la ropa aún no se había secado pero ya queríamos irnos de Ciudad de Panamá, decidimos lavarla y secarla en las lavadoras del hostal, que aunque en realidad costaba 5$ a nosotros no nos cobraron nada. Ese día estuvimos todo el día en el hostal tejiendo algunas tobilleras que me había encargado y planeando el próximo destino. Allí habíamos conocido al Nigga Sibilino, un cantante de rap venezolano, y a su manager, que justo esa noche hacían un Showcase en un bar del casco antiguo y nos invitaron a ir. A las 19h salimos del hostal y caminamos hasta allí, cenamos por el camino y llegamos al bar Omplog (creo que se llamaba así), guiados por un chico que nos pidió alguna monedilla por habernos acompañado.
La presentación estuvo muy bien, o eso decían todos, pues yo estaba muerta y me quedé dormida en uno de los sofás. Después de eso nos quedamos un rato allí, birreando y jugando al billar y nos llevaron de vuelta al hostal en coche. Esa noche dormimos en una habitación compartida, ya que nuestra tienda la habían reservado, ¡y qué noche! Había un chino borrachísimo que parecía que estaba poseído, no paraba de chillar, dar golpes en las paredes y hacer ruidos fuertes súper raros...¡incluso se cayó de la cama!
Al día siguiente armamos las mochilas para ir al Valle de Antón, pero eso ya es otro capítulo...
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