Nos despedimos de todos los lancheros de Zulema, de Jean Carlos y de la señora del restaurante. Un hombre que andaba por allí (de Tenerife) se ofreció a llevarnos al pueblo y nos dejó en la piquera de buses de Pedasí. Cogimos un bus hasta Las Tablas que nos costó 2,4$, donde por enésima vez nos pidieron el pasaporte. Allí mismo cogimos otro bus hasta Chitré por 1,5$, empalmamos con el bus hasta Santiago, que nos costó 2,5$ y allí cogimos otro hasta Soná por 2,5$. Por fin en Soná cogimos el último hasta Santa Catalina, que cuesta 4,75$, y tiene una tele donde reproducen reggaeton todo el rato a todo trapo. Nos pasamos el día entero viajando, yo me encontraba fatal, y cuando llegamos a Santa Catalina eran casi las 18h y no habíamos comido nada.
Justo donde nos dejó el bus había un hostal, el Oasis Surf Camp, entramos a preguntar y solo tenían para ofrecernos un sofá cama pequeño para los dos en la sala de estar...por 8$ por persona. Con tal de no moverme más aceptamos y pagamos esa noche. La chica nos explicó mientras comíamos que en el pueblo no hay cajeros y que en la mayoría de lugares no se podía pagar con tarjeta...¡y nosotros le acabábamos de dar nuestros últimos billetes! Bueno, la aventura es la aventura, ¿no? Muchas pulseras teníamos que vender para sobrevivir... Aquella noche dormimos un poco mal, había muchos mosquitos y un chico que no dejaba de toser, y a las 7h todos empezaron a despertarse en manada, así que ¡arriba!
Los mismos dueños del hostal tenía un hotel en la Playa Estero, a 20 minutos caminando desde el pueblo, donde es posible acampar. Aunque ya habíamos decidido pasar tres noches en el hostal, caminamos hasta la playa y nos metimos en el hotel. Flipamos, el hotel está construido en la misma arena de la playa, y la zona de camping era perfecta. nos dieron la opción de mudarnos y así lo hicimos, nos llevaron a buscar las cosas en el coche del hotel. La playa donde estábamos es una enorme playa de surferos, apartada del pueblo, y donde la subida y bajada de marea es enorme, ¡unos 70m de distancia! Allí Camilo, un chico colombiano de 17 años, nos ayudó a instalarnos en el camping. Lo malo de aquel sitio es que no teníamos disponibilidad de cocina, así que teníamos que comer crudo, pero con la poca variedad que tenían en los supers...no abandonamos el bocata de pan bimbo. Aquel día nos lo tomamos con mucha calma, paseamos por la playa, haciendo dibujos en la arena, leímos, hicimos macramé y disfrutamos del increíble atardecer (el primero de muchos).
Al día siguiente alquilamos una tabla de surf por la mañana y David me enseñó a surfear, ¡qué emoción! ¡Estuvimos toda la mañana en el agua y desde el principio conseguí coger olas! Nos divertimos muchísimo. Por la tarde los chicos del hotel, Camilo y Meli, una chica argentina que viaja desde hace dos años, nos invitaron a ir con ellos a una fiesta en un bar del pueblo. Como ya estábamos hartos de pan bimbo, cenamos en el restaurante, que tampoco está tan mal de precio y te pones las botas. Después de eso nos fuimos con un buen grupo hacia la fiesta. Al salir del hotel hay un pequeño río que cuando la marea está baja te llega por los tobillos, pero cuando está alta...nos tocó mojarnos hasta la cintura para cruzar. Con el culo mojado llegamos a la fiesta. Fue divertido y conocimos a mucha gente. Pudimos ver una tarántula macho, ¡increíble! Aunque había una chica que pedía a gritos que la matásemos, ¡por supuesto no lo hicimos!
El viernes fue un día de colada, uno de los chicos, Maikel, nos regaló una pipa amarilla que estaba riquísima, y otro chico, Andy, trajo un altavozaco de 200W y pasamos el día escuchando música al estilo panameño (a fuego), pero reggae en vez de reggaeton (¡menosmal!).
En el restaurante hacen una oferta de 20$ al día donde por ese precio desayunas, comes y cenas, y decidimos compartir las comidas. A la hora de la cena, llegó la chica que quería matar a la tarántula acompañada de su guía, que sostenía una culebra preciosa muerta, que le obligó a matar porqué tenía demasiado miedo, ¡chillaba como una loca! (¿Qué hace una londinense con miedo a los animales en plena naturaleza panameña?)
Por la noche hicimos una hoguera en la playa con toda la trupe, y era tan bonito y estábamos tan a gusto que decidimos quedarnos allí a pasar las fiestas de Navidad.
Pagamos camping y comida hasta el domingo, el lunes ya buscaríamos otra opción. Las dos noches del fin de semana los chicos nos llevaron a cenar a la pizzería Yolo, una maravilla de sitio, donde te hacen una pizza por 9$, a compartir, porqué es enorme, y puedes pedir todos los ingredientes que quieras. Además el trato es inmejorable. Si vais a Santa Catalina tenéis que comer allí (no tiene perdida, el pueblo solo son dos calles). Una de las dos noches en la tele estaban dando MMA y nos quedamos embobadísimos viendo como se daban de ostias mientras nosotros disfrutábamos de la pizza.
Llegó el lunes y decidimos sacar la tienda del camping y montarla en la playa, a tan solo unos metros, cocinar haciendo fuego e ir entrando al hotel a tomar algo para poder hacer uso de las duchas. Los chicos nos guardaron las mochilas para que no hubiera problema de robos. Por cierto, ¡el segundo día de estar allí a David le robaron el móvil de la tienda! Esa noche fuimos solos a cenar a Yolo, porqué queríamos probar la pizza con banano, pero no había...así que nos comimos un "sanduich", que nos encantó igualmente. Yolo no decepciona. Al volver por la playa, nos dirigíamos hacia la tienda cuando oí algo así como un perro escarbando en la arena. Me acerqué a ver si era el del hotel, pero era...¡una tortuga enorme desovando! Fuimos corriendo a avisar a los chicos a hotel, y pudimos, una vez más, disfrutar de aquel hermoso espectáculo. Siempre está el típico imbécil que la alumbra directamente con la linterna y aunque le digas que no lo haga, porqué la tortuga se asusta y se va sin desovar, lo sigue haciendo. Suerte que se aburrió rápido y con sus aires de grandeza se fue. Todos nos alegramos. Acompañamos a la tortuga hasta el mar sin que nos viera, no dejé de llorar en un buen rato, y nos despedimos de los chicos. Vimos un hombre merodeando solo por la playa que balbuceaba del pedal que llevaba. David no le dio importancia, pero a mí me dio miedo dormir allí tan desprotegidos, así que después de discutirlo un buen rato volvimos a armar la tienda dentro del camping. Imaginaos la situación, en medio de la noche, cargando la tienda a peso, abierta, nada de plegarla, parecía la virgen de la Macarena pero en versión mochilero...
Como en dos días era Noche Buena, David no tenía móvil, y no teníamos dinero en efectivo, fuimos a Santiago a sacar dinero y a hacernos con un móvil panameño. Llegamos por la tarde al hotel y los recepcionistas consiguieron que el jefe nos hiciera una ofertilla para las noches hasta el día dos de enero. Por la noche Camilo nos hizo una arepitas colombianas en una hoguera que hicimos, y estuvimos hasta tarde riéndonos, contándonos batallitas de cada uno.
Al día siguiente nos metimos en el mar a enseñar a Meli a hacer surf, ¡Nos lo pasamos genial! Por la noche se puso a llover a cántaros, ¡y otra vez a mover la tienda! Esta vez fuimos a dormir bajo el porche de Maikel. Cuando llegó debió flipar...
El día de Noche Buena me pasé buena parte del día intentando por activa y por pasiva hacer un Skype con mi familia, incluso me había hecho con una tarjeta panameña para poder tener Internet y Skype con mi teléfono, pero nada de eso funcionó, y me entristecí un poco... Pero por la noche todo cambió: fuimos a cenar detrás del restaurante donde vivían todos los empleados, con los chicos. Hicimos gazpacho, hummus, guacamole y tortilla de patatas y bebimos algo de alcohol.
Más tarde salimos a la playa a hacer una hoguera bajo la luna llena con todos los demás y reímos y bailamos hasta tarde.
Al día siguiente nos dijeron que el jefe había llamado para echarles bronca por dejarnos entrar a cenar a su casa. La familia del restaurante era un tanto especial y se pasaba el día observando lo que hacíamos, que básicamente era ir a ratos a hacer macramé y hablar con los chicos a la recepción cuando no había nadie, pues se pensaban que los distraíamos.
Además era la tercera vez en dos días que insistían en que pagásemos o no nos hacían la oferta. Indignados decidimos pagar todo hasta el momento, despedirnos con una última pizza de los colegas (aunque no fue en Yolo) y al día siguiente ir a Boquete, zona de bosque tropical, a cambiar de ambiente, aunque eso ya es otro capítulo...
Las aventuras de una viajera vegana
lunes, 25 de enero de 2016
sábado, 16 de enero de 2016
Playa Arenal
Recogimos nuestros bártulos y nos dispusimos a hacer autostop para ir a Pedasí. Enseguida nos cogió un...¡camión de ganado! Íbamos donde van las vacas, literalmente, todo lleno de caca y una peste... Ese camión nos dejó a mitad del camino, donde nos recogió un Porsche nuevo y el conductor advirtió que olía un poco mal...¡qué vergüenza! Llegamos a Pedasí y fuimos en otro coche directos a playa Arenal (el conductor de éste no se dio cuenta de nuestro pestazo), donde enseguida vinieron a acosarnos todos los lancheros para llevarnos a Isla Iguana. Les dijimos que nos lo íbamos a pensar unos días, que dependía de cuántas pulseras vendiésemos. Nos encaminamos a la comisaría de policía que había allí mismo para preguntar si había algún sitio seguro para acampar, y nos dijo que allí delante mismo, que todo eso es muy tranquilo y que estaríamos seguros. Montamos allí mismo la tienda y fuimos a inspeccionar el terreno, bajo la inquietante mirada de todos los hombres, que parecían no haber visto una chica en biquini en su vida...
Descubrimos también los dos restaurantes que hay en la playa, y nos decantamos por el que ofrecía comida del día por 3$, ¡Mi plato lo veganizaron sin problemas y nos llenamos un montón!
Pasamos el resto de la tarde en el agua y a eso de las seis nos pusimos a hacer macramé. A esa hora ya solo quedaba el policía de turno y nosotros. Cuando el sol se empieza a poner empieza la hora de la chitra o más bien el infierno. En un momento nos vimos las piernas llenitas de bichitos y tuvimos que ir a tomar medidas drásticas. Encendimos una hoguera a pesar del calor que hacía, y por si fuera poco nos vestimos de largo para evitar toda picada. Cuando la hora crítica pasó fuimos destrangis a darnos una ducha con la manguera del restaurante (que ya estaba cerrado). Ese día empezó la deliciosa rutina de cenar pan bimbo con queso, lechuga y tomate...fresquitos y a dormir.
Al día siguiente nos levantamos muy pronto, ya sabéis, horario gallinil. Desayunamos, tomamos café en el restaurante, que por 0.4 $ no está nada mal, y nos fuimos a descubrir la enorme playa. Caminamos un montón de rato por la arena interminable, jugando con el agua, los cangrejos, las caracolas...¡hasta que llegamos a un manglar impresionante!
Un río de agua de mar que se metía tierra adentro, costaba caminar, era como arenas movedizas, las raíces de los árboles fuera, metidas directamente en el agua enredadas entre sí...¡una maravilla! Nos adentramos un poco en busca de cocodrilos pero no hubo mucha suerte. Volvimos al mismo restaurante del día anterior y descansamos un rato en la tienda, que al estar en la sombra permitía que estuviésemos dentro al mediodía.
Más tarde nos propusimos ir a Pedasí, a la panadería donde habíamos ido los días anteriores, para poder conectarnos a Internet y pasar las fotos de las cámaras y tal, pero no nos fiábamos de dejar las cosas de valor en la tienda. Se nos ocurrió ir a preguntar a la señora adorable del restaurante donde comíamos si podíamos dejar allí las mochilas hasta el día siguiente (cerraba a las seis), y nos dijo que sí. Así lo hicimos y emprendimos el camino. Enseguida paró un coche que nos acercó al pueblo. Allí merendamos chicheme, una bebida de maíz especiada con canela, deliciosa, y algún dulce. Aprovechamos e hicimos todo lo que teníamos que hacer y regresamos. El camino de vuelta fueron 3km sumidos en la total oscuridad, rodeados de los sonidos de los animales y de las luces de cientos de luciérnagas volando. Hacía muchísima calor, y además íbamos de largo para evitar el chitreo (llamamos así al ataque de las chitras). Llegamos sudando y sedientos y , por suerte, el restaurante estaba abierto y fuimos a tomar unas birras. Había más gente de lo habitual allí... Al pedir una Balboa nos dijeron que pidiéramos a las chicas de azul, que casualmente estaban haciendo promoción de la nueva cerveza Atlas Golden Light,,,¡GRATIS!
Antes de irse nos dieron un par más y una vez más...¡Triunfamos! Al estar el ambiente tan animado, lo que se llama "pedo colectivo", David se aventuró a poner música en el aparato (25 ct dos canciones), puso Maná, que en esos días lo estábamos escuchando mucho, y Vico C. Cuando acabaron nuestras canciones casi todas las mesas se animaron a seguir poniendo música. De repente se levantó una chica muy tonificada, vestida de la típica chica fitness, de color fluorescente, y metió 1$, osea, 8 temas... y de golpe empezó a sonar una canción súper maquinote que decía "killer danger!!!!" todo el rato... ¡pero qué ataque de risa! Cortó tanto el rollo que la chica no se dio la vuelta ni nada, y sus últimas 7 canciones fueron un aburrido Alejandro Sanz, durante las cuales todas las personas aprovecharon para irse, y nosotros también y fuimos a dormir...
Nos despertamos y después de desayunar, nos dispusimos a descubrir la Playa Toro, justo al lado de Arenal. En vez de ir hasta el pueblo y coger la carretera que lleva hasta la playa decidimos ir directamente por la playa, a pleno sol y cargados con las pulseras y las bolsas con los materiales para hacer más. Pues bien, después de aproximadamente una hora de camino llegamos a la playa en cuestión, y nos encontramos esto...
...y a una pareja mayor de norteamericanos, Bill & Jennifer a quienes preguntamos si aquella era la poblada playa de la que nos habían hablado, y sí, era esa, pero desierta... Ellos nos preguntaron cómo ir al pueblo y como nosotros también íbamos, dadas las cero ventas posibles allí, les dijimos si podíamos ir con ellos y subimos al coche. Hablábamos en inglés, así que en vez de al pueblo nos llevaron a otra playa desierta, esta vez rocosa, donde aprovechamos y nos dimos un baño y tomamos el sol (más), mientras ellos paseaban. Les recomendamos ir a Arenal a comer y nos dijeron que irían. A nosotros nos dejaron en el pueblo, porqué teníamos que comprar, y desde allí vimos que otra vez cogían una dirección equivocada, comunicación nefasta... Cuando acabamos de comprar otro coche nos acercó hasta la playa, y mientras estábamos allí ordenando la "casa" aparecieron Bill y Jennifer de nuevo y nos propusieron ir a tomar una cerveza (que fueron 4). Ahí empezamos a entendernos mejor, a conocernos y a explicarnos batallitas, hasta que tuvieron que irse. La verdad es que nos lo pasamos muy bien hablando inglés. Como para ir a Isla Iguana, que se va desde Playa Arenal, hay que coger un bote y cuanto más lleno vaya más barato sale, les propusimos ir al día siguiente y aceptaron. Después de comer nosotros y echar una siesta, porqué las cervezas estaban pagando factura, me fui con mi cámara y mi música a fotografiar pájaros: fragatas, gaviotas y pelícanos. ¡Lo disfruté muchísimo!
Cuando David se despertó nos dimos un baño y corriendo a vestirnos de largo, para evitar chitreo. Por la tarde noche, aprovechábamos un foco super potente que tenían en la comisaría, para sentarnos a hacer macramé y de vez en cuando ver cómo llegaban botes de pescadores y lo vendían a un camión. Esa noche fuimos a ver la mercancía y hablando con ellos uno le regaló un pescado a David, pero como no disponíamos de nevera ni cocina al día siguiente él también lo regaló. El policía nos dejó poner la cámara a cargar y el agua en el congelador. Después de aquello cenamos nuestro típico sanwich, y nos fuimos a dormir.
Antes de las ocho ya estábamos despiertos, desayunamos y recogimos las mochilas para poder dejarlas en el restaurante mientras estábamos en Isla Iguana. Poco antes de las nueve llegaron Bill y Jennifer y cogimos el bote hacía la Isla. ¡treinta minutos de bote espectaculares!me encanta ir en bote,sentir el agua salpicando en mi cara, la brisa marina... Llegamos a la isla y enseguida vino un guarda de la ANAM a cobrarnos 10$ por entrar al parque natural y a explicarnos las normas. Después de un buen rato de intentar convencerle de que eramos residentes para q nos cobrara menos y de expresar nuestra inconformidad, nos fuimos a hacer snorkel por el espectacular arrecife de coral. Fue un poco complicado, ya que la marea estaba bajando y prácticamente no nos podíamos mover para no dañar el coral ni dañarnos con él.
De todos modos fue impresionante: peces loro (rosa, verde, amarillo, naranja,y azul), peces globo, peces aguja enormes, morenas, medusas... Y al final del arrecife el mar abierto, lleno de barracudas enormes y miles de peces.
Antes de que bajara del todo la marea salimos y fuimos a hacer una de las dos rutas permitidas, dan al otro lado de la isla, donde hay una playa espectacular. Por el camino vimos muchas iguanas enormes, cangrejos, ermitaños y...fragatas.
Se dice que esa islita es uno de los puntos de anidación de esta especie y se puede encontrar más de 5000 individuos. Además es un punto caliente para el buceo, ya que en temporada pueden verse ballenas , tiburones ballena, focas, tortugas... Bañarse en ese agua transparente, mirar abajo y ver miles de peces y mirar arriba y ver miles de pájaros no tiene precio.
El resto del día comimos, nos pasamos horas en el agua sin querer salir, hasta arrugarnos como pasas, ¡y vendimos muchísimas pulseras!
Al volver a Arenal todavía nos quedaban fuerzas para tomar una cerveza (o 2) y enseñarles en el mapa los sitios donde habíamos estado. Al despedirnos quedamos en que al día siguiente les llevaríamos a ver el manglar. Nosotros nos quedamos allí un rato más, comiendo papas fritas y vendiendo y haciendo unas pulseras más. Aquella noche ni cenamos, y nos fuimos a dormir.
El último día en Arenal nos despertamos, desayunamos, tomamos café en el restaurante, charlamos con la camarera, Zulema y un lanchero, Jean Carlos, un buen rato, hasta que llegaron Jennifer y Bill. Recorrimos con ellos toda la playa hasta llegar al manglar, y una vez allí nos adentramos un poco, pero tampoco vimos cocodrilos.
Estuvimos un buen rato allí, observando todo, hasta que se tuvieron que ir. Les acompañamos hasta el coche, nos despedimos de ellos e intercambiamos nuestras direcciones de correo. Comimos en el restaurante donde no solíamos comer, donde por una ensalada, que para ellos solo es acompañamiento de la carne o el pescado, me cobraron 50 ct. Después de comer volvimos a ir a Pedasí, a la panadería, donde estuvimos la mayor parte de la tarde. Paseamos un ratito por el pueblo y volvimos caminando en la absoluta oscuridad. Una vez en la playa cenamos, hicimos macramé y nos fuimos a dormir.
La intención era retomar al día siguiente el camino e ir a Santa Fe, aunque en el último momento cambiamos de opinión y decidimos que iríamos a Santa Catalina, que nos habían hablado muy bien, pero eso ya es otro capítulo...
Descubrimos también los dos restaurantes que hay en la playa, y nos decantamos por el que ofrecía comida del día por 3$, ¡Mi plato lo veganizaron sin problemas y nos llenamos un montón!
Pasamos el resto de la tarde en el agua y a eso de las seis nos pusimos a hacer macramé. A esa hora ya solo quedaba el policía de turno y nosotros. Cuando el sol se empieza a poner empieza la hora de la chitra o más bien el infierno. En un momento nos vimos las piernas llenitas de bichitos y tuvimos que ir a tomar medidas drásticas. Encendimos una hoguera a pesar del calor que hacía, y por si fuera poco nos vestimos de largo para evitar toda picada. Cuando la hora crítica pasó fuimos destrangis a darnos una ducha con la manguera del restaurante (que ya estaba cerrado). Ese día empezó la deliciosa rutina de cenar pan bimbo con queso, lechuga y tomate...fresquitos y a dormir.
Al día siguiente nos levantamos muy pronto, ya sabéis, horario gallinil. Desayunamos, tomamos café en el restaurante, que por 0.4 $ no está nada mal, y nos fuimos a descubrir la enorme playa. Caminamos un montón de rato por la arena interminable, jugando con el agua, los cangrejos, las caracolas...¡hasta que llegamos a un manglar impresionante!
Un río de agua de mar que se metía tierra adentro, costaba caminar, era como arenas movedizas, las raíces de los árboles fuera, metidas directamente en el agua enredadas entre sí...¡una maravilla! Nos adentramos un poco en busca de cocodrilos pero no hubo mucha suerte. Volvimos al mismo restaurante del día anterior y descansamos un rato en la tienda, que al estar en la sombra permitía que estuviésemos dentro al mediodía.
Más tarde nos propusimos ir a Pedasí, a la panadería donde habíamos ido los días anteriores, para poder conectarnos a Internet y pasar las fotos de las cámaras y tal, pero no nos fiábamos de dejar las cosas de valor en la tienda. Se nos ocurrió ir a preguntar a la señora adorable del restaurante donde comíamos si podíamos dejar allí las mochilas hasta el día siguiente (cerraba a las seis), y nos dijo que sí. Así lo hicimos y emprendimos el camino. Enseguida paró un coche que nos acercó al pueblo. Allí merendamos chicheme, una bebida de maíz especiada con canela, deliciosa, y algún dulce. Aprovechamos e hicimos todo lo que teníamos que hacer y regresamos. El camino de vuelta fueron 3km sumidos en la total oscuridad, rodeados de los sonidos de los animales y de las luces de cientos de luciérnagas volando. Hacía muchísima calor, y además íbamos de largo para evitar el chitreo (llamamos así al ataque de las chitras). Llegamos sudando y sedientos y , por suerte, el restaurante estaba abierto y fuimos a tomar unas birras. Había más gente de lo habitual allí... Al pedir una Balboa nos dijeron que pidiéramos a las chicas de azul, que casualmente estaban haciendo promoción de la nueva cerveza Atlas Golden Light,,,¡GRATIS!
Antes de irse nos dieron un par más y una vez más...¡Triunfamos! Al estar el ambiente tan animado, lo que se llama "pedo colectivo", David se aventuró a poner música en el aparato (25 ct dos canciones), puso Maná, que en esos días lo estábamos escuchando mucho, y Vico C. Cuando acabaron nuestras canciones casi todas las mesas se animaron a seguir poniendo música. De repente se levantó una chica muy tonificada, vestida de la típica chica fitness, de color fluorescente, y metió 1$, osea, 8 temas... y de golpe empezó a sonar una canción súper maquinote que decía "killer danger!!!!" todo el rato... ¡pero qué ataque de risa! Cortó tanto el rollo que la chica no se dio la vuelta ni nada, y sus últimas 7 canciones fueron un aburrido Alejandro Sanz, durante las cuales todas las personas aprovecharon para irse, y nosotros también y fuimos a dormir...
Nos despertamos y después de desayunar, nos dispusimos a descubrir la Playa Toro, justo al lado de Arenal. En vez de ir hasta el pueblo y coger la carretera que lleva hasta la playa decidimos ir directamente por la playa, a pleno sol y cargados con las pulseras y las bolsas con los materiales para hacer más. Pues bien, después de aproximadamente una hora de camino llegamos a la playa en cuestión, y nos encontramos esto...
...y a una pareja mayor de norteamericanos, Bill & Jennifer a quienes preguntamos si aquella era la poblada playa de la que nos habían hablado, y sí, era esa, pero desierta... Ellos nos preguntaron cómo ir al pueblo y como nosotros también íbamos, dadas las cero ventas posibles allí, les dijimos si podíamos ir con ellos y subimos al coche. Hablábamos en inglés, así que en vez de al pueblo nos llevaron a otra playa desierta, esta vez rocosa, donde aprovechamos y nos dimos un baño y tomamos el sol (más), mientras ellos paseaban. Les recomendamos ir a Arenal a comer y nos dijeron que irían. A nosotros nos dejaron en el pueblo, porqué teníamos que comprar, y desde allí vimos que otra vez cogían una dirección equivocada, comunicación nefasta... Cuando acabamos de comprar otro coche nos acercó hasta la playa, y mientras estábamos allí ordenando la "casa" aparecieron Bill y Jennifer de nuevo y nos propusieron ir a tomar una cerveza (que fueron 4). Ahí empezamos a entendernos mejor, a conocernos y a explicarnos batallitas, hasta que tuvieron que irse. La verdad es que nos lo pasamos muy bien hablando inglés. Como para ir a Isla Iguana, que se va desde Playa Arenal, hay que coger un bote y cuanto más lleno vaya más barato sale, les propusimos ir al día siguiente y aceptaron. Después de comer nosotros y echar una siesta, porqué las cervezas estaban pagando factura, me fui con mi cámara y mi música a fotografiar pájaros: fragatas, gaviotas y pelícanos. ¡Lo disfruté muchísimo!
Cuando David se despertó nos dimos un baño y corriendo a vestirnos de largo, para evitar chitreo. Por la tarde noche, aprovechábamos un foco super potente que tenían en la comisaría, para sentarnos a hacer macramé y de vez en cuando ver cómo llegaban botes de pescadores y lo vendían a un camión. Esa noche fuimos a ver la mercancía y hablando con ellos uno le regaló un pescado a David, pero como no disponíamos de nevera ni cocina al día siguiente él también lo regaló. El policía nos dejó poner la cámara a cargar y el agua en el congelador. Después de aquello cenamos nuestro típico sanwich, y nos fuimos a dormir.
Antes de las ocho ya estábamos despiertos, desayunamos y recogimos las mochilas para poder dejarlas en el restaurante mientras estábamos en Isla Iguana. Poco antes de las nueve llegaron Bill y Jennifer y cogimos el bote hacía la Isla. ¡treinta minutos de bote espectaculares!me encanta ir en bote,sentir el agua salpicando en mi cara, la brisa marina... Llegamos a la isla y enseguida vino un guarda de la ANAM a cobrarnos 10$ por entrar al parque natural y a explicarnos las normas. Después de un buen rato de intentar convencerle de que eramos residentes para q nos cobrara menos y de expresar nuestra inconformidad, nos fuimos a hacer snorkel por el espectacular arrecife de coral. Fue un poco complicado, ya que la marea estaba bajando y prácticamente no nos podíamos mover para no dañar el coral ni dañarnos con él.
De todos modos fue impresionante: peces loro (rosa, verde, amarillo, naranja,y azul), peces globo, peces aguja enormes, morenas, medusas... Y al final del arrecife el mar abierto, lleno de barracudas enormes y miles de peces.
Antes de que bajara del todo la marea salimos y fuimos a hacer una de las dos rutas permitidas, dan al otro lado de la isla, donde hay una playa espectacular. Por el camino vimos muchas iguanas enormes, cangrejos, ermitaños y...fragatas.
Se dice que esa islita es uno de los puntos de anidación de esta especie y se puede encontrar más de 5000 individuos. Además es un punto caliente para el buceo, ya que en temporada pueden verse ballenas , tiburones ballena, focas, tortugas... Bañarse en ese agua transparente, mirar abajo y ver miles de peces y mirar arriba y ver miles de pájaros no tiene precio.
El resto del día comimos, nos pasamos horas en el agua sin querer salir, hasta arrugarnos como pasas, ¡y vendimos muchísimas pulseras!
Al volver a Arenal todavía nos quedaban fuerzas para tomar una cerveza (o 2) y enseñarles en el mapa los sitios donde habíamos estado. Al despedirnos quedamos en que al día siguiente les llevaríamos a ver el manglar. Nosotros nos quedamos allí un rato más, comiendo papas fritas y vendiendo y haciendo unas pulseras más. Aquella noche ni cenamos, y nos fuimos a dormir.
El último día en Arenal nos despertamos, desayunamos, tomamos café en el restaurante, charlamos con la camarera, Zulema y un lanchero, Jean Carlos, un buen rato, hasta que llegaron Jennifer y Bill. Recorrimos con ellos toda la playa hasta llegar al manglar, y una vez allí nos adentramos un poco, pero tampoco vimos cocodrilos.
Estuvimos un buen rato allí, observando todo, hasta que se tuvieron que ir. Les acompañamos hasta el coche, nos despedimos de ellos e intercambiamos nuestras direcciones de correo. Comimos en el restaurante donde no solíamos comer, donde por una ensalada, que para ellos solo es acompañamiento de la carne o el pescado, me cobraron 50 ct. Después de comer volvimos a ir a Pedasí, a la panadería, donde estuvimos la mayor parte de la tarde. Paseamos un ratito por el pueblo y volvimos caminando en la absoluta oscuridad. Una vez en la playa cenamos, hicimos macramé y nos fuimos a dormir.
La intención era retomar al día siguiente el camino e ir a Santa Fe, aunque en el último momento cambiamos de opinión y decidimos que iríamos a Santa Catalina, que nos habían hablado muy bien, pero eso ya es otro capítulo...
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