Las aventuras de una viajera vegana

miércoles, 6 de julio de 2016

La Fortuna de San Carlos

A las 9h de la mañana del domingo estábamos en el puerto de Tortuguero, pensándonos que íbamos sobrados de tiempo, pero ya nos estaban esperando (sí, en algunos sitios los autobuses, barcos, etc salen antes de lo previsto), así que con prisas subimos al bote. Esta vez sin parar en cada animal que veíamos, en una hora y por 3$ estábamos ya en el puerto de la pavona. Tomamos un bus hacia Cariari, también casi corriendo, porqué preguntas y nadie sabe nada y cuando te das cuenta el bus que está en movimiento es el tuyo...y una vez en Cariari tuvimos que esperar una hora para coger otro autobús hasta San José. Nos dirigimos a San José porqué ya habíamos recorrido todo el Caribe costarricense y desde la capital salen autobuses a cualquier destino del país, así que era mucho más fácil pensar desde allí nuestro siguiente destino. En principio íbamos con la pareja que habíamos conocido en Tortuguero, que tenían reserva en un hotel barato en San José, pero cuando subimos al bus no había espacio y ellos se quedaron fuera esperando al siguiente. Antes de partir pudieron darnos el nombre del hotel para que pudiésemos buscarlo. Llegamos a la parada del bus, en medio de San José y nos pusimos a preguntar por el Hotel Bristol, del que nadie sabía nada, y los pocos que se atrevían a darnos una dirección nos enviaban super lejos, hasta que por fin dimos con un chico que lo conocía, llamó vara avisar que íbamos y nos explicó bien cómo llegar. ¡No podía estar más lejos! Nos enseñaron nuestra habitación y era el típico motel al que van las parejas a pasar una noche de intimidad, pero bueno era de los más barato y para una noche no estaba mal. Aunque ya había pasado la hora del almuerzo salimos a comer y enseguida volvimos al hotel (pasando cómo no por el mercadillo de artesanías), porqué hacía un frío que pelaba, cosa rara en esta época del año, vero la gente iba con abrigo...¡la verdad es que son un poco exagerados! Allí cogimos la guía y decidimos irnos al día siguiente a la Fortuna a ver el Volcán Arenal.
Después de desayunar como unos super gordacos de la vida nos pusimos en marcha en busca de la estación 7/10, que resultó ser un centro comercial, donde tienes que ir hasta la última planta para comprar los billetes de autobús vara luego ir a cogerlos a la planta más baja, todo muy lógico. Fuimos informándonos con la guía durante el viaje y en 5h nos plantamos en la Fortuna. Estaba lloviendo y tuvimos la suerte de, nada más girar la calle de la estación, encontrar el hostal que recomendaban en la guía por barato: Gringo pete's. Nos instalamos en la habitación, privada con baño y ventilador por 16$ (un chollo vamos), y nos fuimos enfundados en nuestros amados chubasqueros a comer a un sitio de esos donde puedes escoger varias cosas y hacer un plato combinado, aquí es muy típico. Dimos una vuelta de reconocimiento por el pequeño pueblo, que está lleno de tiendas de souvenirs, restaurantes y sitios donde hacen infinidad de tours al volcán, a las aguas termales, etc... Intentaron vendernos tooooodos estos tours y más, pero no cogimos ninguno porqué estábamos seguros de que hay cosas que se pueden hacer por libre, así que fuimos al hostal a investigar.
Amaneció lloviendo, y se estuvo lloviendo tooooodo el día, pero salimos a desayunar igualmente. En el mismo restaurante conocimos a una pareja de Barcelona (él) y de Francia (ella), Rafa y Aurélie, que nos pidieron consejo sobre el hostal y les enviamos al nuestro a preguntar mientras les guardamos las mochilas. Ese día no hicimos nada más que estar en el hostal, jugar a cartas, hacer pulseritas y poco más, pero decidimos que al día siguiente no nos podíamos quedar parados otra vez.
Al día siguiente seguía lloviendo a muerte, pero por la mañana decidimos que íbamos a ir a las aguas termales gratuitas con el tour que ofrecía el hostal: te llevan por 7$ e incluyen una copa de guaro (bebida alcohólica), que es a las 5 de la tarde, que ya es de noche. No nos dijeron que teníamos que llevar nada especial, así que cogimos el autobús con lo puesto y el bañador debajo, y nada más. Llegamos al sitio, y el coche nos dejó en la carretera, nos hicieron quitar la ropa y los zapatos y dejar todo en el coche, y sí, estaba lloviendo.



Caminamos descalzos y en pelotas hasta el río vaya. Mereció la pena en el momento que metimos los pies en el agua, ¡estaba muy caliente! Encontramos un buen sitio para los cuatro y nos pasamos las 3h luchando contra la corriente, a carcajada limpia, chocándonos con desconocidos, tocándonos unos a otros sin querer y sin parar de reír. Nos dieron un vaso pequeño con guaro (alcohol), como un cubata, y en principio solo era uno por persona, vero al acabarlo preguntamos si podía ser otro...y así hasta que nos acabamos la botella. ¡Las 3h se nos hicieron cortísimas!




Salimos de allí y mojados tal cual nos metimos en el coche, sin parar de reír por todo, imitando el acento de los ticos... ¡Nos lo pasamos tan bien...! Después de ducharnos salimos a cenar, a hora española, por lo que la mayoría de los sitios ya estaban cerrados, y acabamos cenando una pizza.
Volvió a amanecer lloviendo al día siguiente, y nuestras ganas de ver el volcán iban en aumento, incluso nos planteábamos ir lloviendo, pero no valía la vena... Después de comer fuimos con nuestros chubasqueros a dar un paseo por el río, donde vimos a unos chicos tirarse con una cuerda haciendo el Tarzán.



Eso fue todo lo que hicimos ese día, y al día siguiente, que también llovía a cántaros. Esto de las lluvias es debido a un fenómeno meteorológico llamado El Niño.
El sábado parecía que escampaba un poco, así que contratamos los 4 el tour del Volcán Arenal para ir por la tarde. Ese tour incluye normalmente también una visita de una hora a las termas, pero como nosotros ya habíamos estado pagamos menos y nos descontaban esa parte. Como llevábamos muchos días sin hacer casi nada, pero pagando hospedaje, Juan Carlos, un trabajador del hostal, nos propuso dejarnos unas bicicletas, sin pagar, y acompañarle a dar una vuelta por los alrededores del pueblo y así mostrarnos y explicarnos todo lo que veíamos. Sin pensarlo aceptamos y los 5 cogimos las bicis. ¡Fue el mejor tour que he hecho nunca! Nos llevó a una plantación de papayas, donde probamos un montón de ellas, a una finca donde tenían aguacates, naranjas y guanábana, a otra con árboles de carambola, nos paró cerca de un río para encontrar y enseñarnos una rana roja que oímos cantar, paramos también para probar y recolectar unas guayabas, vimos árboles de cacao...genial, enserio.






Volvimos a comer al hostal, los cuatro juntos, y a las 5 teníamos el bus del tour esperando en la puerta. Éramos unas 6 parejas y el guía y durante el trayecto fuimos hablando todos un poco. La ruta consistió en un pequeño paseo por la falda del volcán, donde el guía nos contaba la historia de las erupciones del volcán Arenal, y el porqué del nombre del pueblo, la aparición de las más que conocidas aguas termales y el enfoque del pueblo hacia su explotación. La verdad es que fue interesante y bonito, pero se nos hizo corto, y no pudimos ver la punta del volcán. Cuando se acabó, pensamos que por no haber contratado la parte de las aguas termales no podríamos ir, pero igualmente se nos ocurrió preguntar si podíamos quedarnos y el chófer se ofreció a llevarnos después, así que nos quedamos.







Esa vez no fue muy divertido, solo teníamos una hora y ¡estaba lleno de gente!
Al cabo de una hora, que pasó súper rápido, montamos de nuevo en el bus y nos llevaron al hostal.
El nuevo día amaneció sin llover, ¡menosmal! Nos levantamos pronto compramos en el súper algo para comer y fuimos caminando hacia el cerro chato, una ruta que nos habían recomendado, pero que valía 12$ por persona, y nos parecía algo caro. Subimos buscando una ruta alternativa para no tener que pagar, pero al final todos los caminos llevaban a la caseta. Hablamos con el chico que allí había para que nos lo dejara más barato, pero no daba su brazo a torcer, al cabo de un rato decidimos irnos, entonces nos dejó pasar, como un favor...



La ruta fue increíble, consiste en un volcán inactivo muy empinado y resbaloso, pues está todo el día lloviendo, y desde la cima se puede ver a veces el lago del cráter, donde se puede bajar y pegarse un baño. Pusimos todas nuestras fuerzas en subir, contando batallitas del pasado y entre risas, y aunque intentamos no ensuciarnos acabamos todos hasta la cabeza de barro. Todo el que bajaba nos recomendaba subir hasta arriba y así lo hicimos, escalando entre raíces. Llegamos arriba del todo con mucha alegría, aunque no pudimos ver el lago, porqué había mucha niebla. Estuvimos un buen rato decidiendo si bajar al lago o no, pero decidimos que no al final, porqué era cuesta abajo y sin visibilidad. Así que volvimos por donde habíamos subido, esta vez más rápido.






Llegamos a la caseta e hicimos un parón para comer, nuestro famoso bocadillo de frijoles molidos con tomate y aguacate. Seguimos bajando e intentamos también entrar gratis a las cascadas, pero solo entraron David y Rafa al final, nosotras nos esperamos fuera. Volvimos al hotal xino-xano, nos duchamos, que nos hacia buena falta, nos relajamos un rato y cenamos, y a dormir, ¡que estábamos cansadísimos!





El último día en la fortuna lo empleamos para pasear tranquilamente por el pueblo, comer helado vegano, hacer fotos y descansar. Por la noche cenamos con Rafa y Aurelie, nos despedimos de ellos con mucha penita.







Al llegar a la habitación por la noche recogimos un poquillo, que teníamos una batalla campal allí montada, ¡y a dormir, que al día siguiente continuaba nuestro viaje! Pero eso será en el próximo capítulo...

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