Las aventuras de una viajera vegana

jueves, 31 de marzo de 2016

Puerto Viejo, Cahuita y Tortuguero

Después de despedirnos de Corlin y alguno de los niños salimos de la casa rumbo a la estación de taxis acuáticos, aunque llovía un poco, pero eso ya no nos iba a frenar mas, pues teníamos ganas de seguir el viaje. ¡Íbamos para Costa Rica! ¡Por fin! Cogimos un bote hasta Almirante, esta vez por 5$, y el camino hasta el puerto fue muy agradable. Nos habían dicho que un autobús privado o un taxi hasta la frontera valía alrededor de 10$, así que íbamos con idea de ir en autobús colectivo que salía mucho más barato. Al bajar del bote nos hicieron la oferta de llevarnos en bus privado directos a la frontera por 5$, así que aceptamos, y en una hora aproximadamente estábamos en Sixaola. Fuimos primero a sellar la salida de Panamá en el pasaporte, luego a pagar la tasa de salida del país, que son 4$, cruzamos el puente que separa panamá de Costa Rica y una vez al otro lado hicimos cola y sellamos la entrada en Costa Rica. Nos habían dicho que muchas veces piden un billete de salida del país y que lo más barato es comprar uno de autobús que vale 12$, pero a nosotros no nos lo pidieron y entramos sin pagar nada. Buscamos la parada de autobuses y una hora más tarde cogimos el que nos llevaba a Puerto Viejo.  Después de un viaje amenizado por un chico amante de las mujeres que nos cantó media canción a grito pelado aunque había prometido dos, también conocido en el pueblo como Chayanne, llegamos a Puerto Viejo, y nos bajamos al principio de la carretera para ir buscando alojamiento. Preguntamos en el primer sitio que vimos por un camping del que nos habían hablado, y justamente se encontraba casi al final del pueblo, así que caminamos un buen rato con las mochilas a cuestas. por fin llegamos muertos de calor, el sitio se llama Roking J’s y a primera vista es muy colorido, todo hecho de trocitos de azulejos.




Nada más llegar a recepción un chico nos recibió con un coco fresquito que nos devolvió a la vida. Hicimos el check in e instalamos nuestra tienda. En el hostal hay varias opciones: acampar, dormir en una hamaca o dormir en una habitación compartida, nosotros como ya he dicho plantamos nuestra propia tienda en el suelo habilitado para ello, que es de piedras chiquititas, cosa que no entendí muy bien.




Acto seguido salimos a comer algo por el pueblo, y enseguida vimos lo que todo el mundo nos contaba de los precios... ¡todo es carísimo! Dimos una vuelta toda la tarde y volvimos al hostal, donde conocimos a Josué, un tico de Heredia que andaba pasando unos días por allí. Esa noche, como todas las que vinieron, hicieron una hoguera en la playa de delante del hostal y casi todo el mundo salió a conversar, beber y cantar.
Al día siguiente alquilamos unas bicis en el hostal y fuimos hasta Mazanillo. El camino es muy fácil, liso y bonito y además se ven muchos animales. por el camino de ida vimos monos congo en los árboles y nos quedamos un buen rato mirándolos y echándoles fotos. Esa fue la primera vez que lloré de emoción en el día. pasamos el día en la playa de Manzanillo, comiendo fruta, jugando con las enormes olas y tomando el sol.




Visitamos el parque natural de Manzanillo, que es precioso y entrada la tarde volvimos. De camino de vuelta pudimos ver un par de perezosos, uno de ellos colgando en una rama super cerca de la carretera. Allí estuvimos parados más de media hora, ¡qué cosa tan hermosa! Volvimos a ver monos, mariposas y tucanes preciosos. Nos dirigíamos hacia el súper cuando de repente vimos subida en una moto a Lorena, una antigua compañera de trabajo que hace dos años que vive allí. Nos hizo mucha ilusión y nos dijo que trabajaba en el centro de rescate Jaguar y que podíamos ir a verla al día siguiente. Acabamos el día tomando una birra en la playa, oyendo un concierto que hacían en un bar cercano. Fue un día realmente espectacular.
Nos levantamos prontito por la mañana y después de desayunar empezamos a caminar bajo el solazo hacia el Jaguar, pero por suerte enseguida paró un coche que nos acercó en un pis pas hasta allí. Entramos preguntando por Lorena y nos encontramos a Ferran, un antiguo cliente de donde trabajamos que también estaba trabajando allí casualmente. ¡El mundo es un pañuelo! Hicimos el tour donde nos explicaron la historia de cada animal del centro y de cómo los recuperan y los devuelven a su hábitat natural. La verdad es que nos gustó mucho, hicimos nuestra donación, y lo recomiendo mucho. Al acabar el tour fuimos a tomar algo con los colegas, pero duró poco, porqué los animalillos requieren mucho tiempo y dedicación. Luego nosotros nos fuimos a la playa de Cocles a acabar de pasar el día y compramos un vaso de fruta muy original a unos chicos. Como cada noche salimos un rato a la hoguera con todos.
Los tres días siguientes fueron enteros de hostal y playa. Decidimos coger la rutina de ir a correr por las mañana pero solo duramos dos días... ¡qué desastre! Nos gustó mucho esa playa porqué hay muchos árboles y se pueden ver perezosos y monos muy a menudo. Antes de llegar hay un caminito que lleva al mirador punta Uva, que es espectacular.




Cuando se iba el sol dábamos un paseo por el pueblo y por la noche salíamos con todos a la hoguera. Descubrimos una soda donde vendían plantintés, un dulce de plátano que nos encantó, y fuimos bastantes veces, y también una librería donde pude cambiar libros.
El lunes nos fuimos a Cahuita, el pueblo de al lado. Fuimos a desayunar con la calma porqué teníamos tiempo de sobra y...acabamos corriendo para no perder el bus. En 20 minutos estábamos en Cahuita y fuimos enseguida a preguntar por el camping Maria, que habíamos leído en la guía. Nos indicaron el camino, que es en realidad más corto de lo que pareció con las mochilas a cuestas y llegamos al camping Reggae Bar, que no era el que buscábamos, pero nos cobraban solo 4$ la noche, así que nos quedamos allí.



Dimos una vuelta por la playa de delante del camping (digo delante porque los separa un camino de tierra, pero vaya, está en plena playa) y fuimos a ver el pueblo, pequeñito pero auténtico caribeño.




Comimos en la soda más barata que encontramos y decidimos que a partir de entonces compraríamos en el super para comer, que tampoco es que salga muco más barato, sales del super con 4 cosas y pagas 15$...pero así nos sentíamos mejor. Vimos en un cartel que había un santuario de animales más allá de nuestro camping y paseamos todo el camino hasta encontrarlo. A la mitad encontramos el camping Maria y por curiosidad entramos a verlo y preguntar precio.Acampar una noche cuesta 8$ por persona, pero nada que ver con el otro: este incluye cocina y es espectacularmente bonito e íntimo. De todas formas nosotros nos quedamos con el otro, más barato, sin cocina y con el baño del bar de al lado, ya sabéis como somos...Llegamos al centro de rescate de animales, que casualmente cerraba los lunes, así que nos quedamos sin verlo. De vuelta al camping, ya de noche, conocimos a Yaiza y Gabriel, una pareja que viajaban con su furgo, y estuvimos un buen rato charlando con ellos y compartiendo experiencias.
Al día siguiente fuimos a visitar el parque nacional de Cahuita. La entrada es a la voluntad, y si no quieres pagar nada en realidad puedes entrar por la playa, porque todo el camino es paralelo a esta y es super fácil. Nosotros pagamos lo que nos pareció y entramos. El camino es precioso, envuelto de vegetación, pero paralelo a la playa, y lleno de animales.










Vimos monos congo, monos cara blanca, perezosos, iguanas, arañas enormes, mariposas preciosas, mapaches, ardillas....












Nos encontramos en el parque con Yaiza y Gabriel y comimos con ellos contemplando el mar, creyendo que veíamos tortugas que al final resultaron ser boyas.



El resto de la tarde lo pasamos jugando a cartas pegados a la pared donde daba la luz de la pulpería del camping.
Teníamos pensado irnos al día siguiente, pero decidimos que nos apetecía disfrutar de esa hermosa playa un día de relax, así que pasamos el día allí sin hacer nada, leyendo, jugando a cartas, tirados en la hamaca, en el agua, comiendo "guarrerías" varias...hasta que llegó el camión de la fruta y compramos una super piña por 1$ que nos salvó el día caluroso. Aun habiendo comido muchísimo Gabriel y Yaiza nos invitaron a cenar pasta en su furgo y nos pusimos las botas. Nos fuimos a dormir pronto, que al día siguiente sí nos íbamos. A media noche empezó a llover a cántaros, tuvimos que levantarnos, sacar todo de la tienda, llevarlo bajo un porche y mover la tienda debajo de la terraza del restaurante para poder seguir durmiendo.
Bien pronto por la mañana recogimos todo mientras las cosas se acababan de secar al sol. Fuimos a la estación de autobuses para ir rumbo a Tortuguero, ¡imaginaos qué emoción! Después de esperar una hora cogimos el bus a Limón, donde nos bebimos un super zumo de guanábana, frambuesa y fresa... ¡¡hmmmmm!! En Limón cogimos otro hasta Moín, que es donde se coge el bote hasta Tortuguero. El último bote salía a las 10:30h y eran las 11h, así que nos quedamos sin. El hombre que nos atendió nos recomendó dormir en el pueblo ese día e ir pronto al día siguiente. Volvimos a coger el bus de vuelta y nos dirigimos a unas cabañas que nos dijo el hombre que eran baratas, pero cuando llegamos...¡el negocio había cerrado! Tuvimos que caminar bastante buscando otra alternativa, y solo nos aparecían hoteles carísimos, así que acabamos durmiendo en el más barato: 60$ la noche. ¡Al menos fue el primer día en 3 meses que dormíamos en una cama! Ya que habíamos pagado ese pastizal estuvimos tooooodo el día metidos allí, con el aire acondicionado, la tele y haciendo nada...
Al día siguiente salimos temprano e hicimos dedo para que nos acercaran al puerto. Un hombre paró y nos dijo que iba a la pulpería (tienda pequeña), que estaba allí al lado, y no le iba nada bien acercarnos al puerto, que si era así tendríamos que pagarle. David, que no está muy familiarizado con la jerga costaricense se pensó que el hombre había dicho algo de pulpos, y que le iba de camino llevarnos. Le soltó un discurso sobre moral (que si Dios se lo pagará, que si no sé qué...) que el hombre se sintió fatal y nos acabó acercando. En el coche le conté a David el malentendido y nos reímos un buen rato, quisimos dar propina al señor pero no la aceptó. En el puerto esperamos más de una hora y nos regalaron naranjas para desayunar.
A las 10:30h empezamos el camino hacia Tortuguero: un tour de 5 horas por los canales, parando para observar cada animalito.





Fue realmente estupendo a pesar del precio: 40$, nos gustó muchísimo y fue muy auténtico, aunque hacía frío, llovía y nos mojamos un montón. Llegamos a Tortuguero con el culo cuadrado y enseguida vinieron  acosarnos dueños de hoteles, guías turísticos, etc... dejamos que un señor nos acompañara al hostal más barato: Meryscar, 7$ la noche, habitación privada. cocina y wifi.



El hombre trabajaba de guía y nos ofreció un tour nocturno por 20$ y uno por los canales por 20 más. Cuando íbamos a decirle que contratábamos el nocturno nos asaltó otro guía que nos ofreció los dos tours por 25$, así que aceptamos, además íbamos con una pareja de españoles que habíamos conocido en el bote. Llegada la noche, es decir, las 5 de la tarde, nos encontramos con el grupo e hicimos el tour, que consistió en un paseo por los caminos de detrás de la playa en busca de animalitos. Vimos ranas de ojos rojos, sapos, serpientes, saltamontes... no era lo que nos esperábamos, pero no estuvo mal.




A la mañana siguiente tocaba tour en canoa por los canales. Eso nos gustó más, fue un paseo muy agradables, muy tranquilo, observando a los animalillos sin molestarlos, aunque bajo un sol de justicia. Vimos perezosos, nutrias, osos hormigueros, cocodrilos, caimanes, serpientes, basiliscos, monos, diferentes tipos de garzas, un montón de aves... ¡¡chulísimo!!




Acabamos y fuimos a la playa a tomar una cerveza con la pareja, y luego a comer. Tuvimos que pagar 15$ adicionales para poder hacer el tour de los canales, que es el precio de la entrada al parque nacional, pero que sirve todo el día, así que fuimos por la tarde un rato.





En Tortuguero está la sede de Sea Turtle Conservancy, trabajando desde hace muchos años por la conservación de las tortugas marinas, que están en peligro de extinción. Ya sabéis mi locura tortuguil, así que dejamos el parque a medias por ir a ver el centro e informarme antes de que cerraran. Escogimos bien, ya que hay muchos ambientólogos trabajando allí, con tortugas, siempre necesitan voluntarios y me esperanzó mucho.





Nos fuimos a dormir prontito, que al día siguiente nos íbamos rumbo a San José, pero eso ya es otro capítulo..

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