Recogimos todo y con mucha penita nos despedimos de los chicos, ¡qué buenos días pasamos con ellos! Meli vino con nosotros hasta Santiago, pues tenía que ir al médico allí. Cogimos un bus hasta Soná donde habían quitado los botones del aire acondicionado para que no pudieras desactivarlo y nos morimos de frío las dos horas de viaje... De Soná fuimos a Santiago, un viaje normal, con su reggaeton y su historia... Allí en Santiago cogimos otro autobús hasta David, el peor viaje de la historia: yo iba atrás de todo, entre una chica espatarrada que no me dejaba moverme y otra que dormía con la cabeza colgando, haciéndome cosquillas con sus pelos y apoyándose en mi hombro, y como encima era enorme tenía sus pies en mi sitio para poner los pies, porqué en el suyo no le cabían. No sé cuántas horas duró ese viaje por una carretera interminable en obras, pero a mi se me hizo eterno y me quería tirar por la ventanilla. En David por fin cogimos el último autobús hasta Boquete.
Nos bajamos en la plaza del pueblo, el ambiente no podía ser más navideño: un gran árbol de Navidad, puestecitos de comida, de artesanía, de helados (al fin y al cabo es verano), muchísima gente en la calle, la mayoría con gorrito de Papá Noel y música por todos lados. Sí, sé que os lo estáis preguntando, sonaban villancicos a ritmo de reggaeton, ¿qué si no?
Justo donde nos dejó el bus había un hostal que parecía asequible. entré a preguntar y me encontré con un hombre que hablaba rapidísimo, decía muchas cosas a la vez, entre ellas entendí que nos dejaba acampar por 8$ en el jardín, teníamos cocina y buena conexión a Internet. Allí nos quedamos.
En comparación con la calurosa playa hacía un frío que pela. Boquete es un pueblo de interior, en la provincia de Chiriquí, donde domina la montaña como paisaje. Nos abrigamos y salimos a pasear por esa Navidad típica aunque algo tardía. Perseguimos el carrito de los helados, miramos la artesanía (nos queda mucho por aprender), hicimos fotos y vimos un número de un payaso al que nadie aplaudió excepto nosotros, todavía no entendemos por qué. De repente nos topamos con lo mejor del día, la Policía Nacional cantando salsa en medio de la calle. ¡Qué bien lo pasamos bailando!!
Como hacía tanto frío, una vez acabó el espectáculo nos metimos en el hostal y desde la terraza estuvimos un ratito viendo el desfile navideño. Aquella noche dormimos tapados con un edredón que nos proporcionó el dueño del hostal, ¡qué agustito!
Al día siguiente el dueño del Hostal Palacios (así se llamaba el sitio donde dormimos) nos dio un mapa y nos explicó las excursiones que se pueden hacer por el pueblo. De todo lo que soltó atropelladamente conseguimos entender que la ruta del Pianista era agradable de hacer, así como la ruta de los Quetzales. Como no era precisamente temprano decidimos ir a la ruta del Pianista para ver las plantaciones de café.
La ruta es fácil, es por la carretera, que da la vuelta por la base de la montaña, rodeando el pueblo por la parte de arriba. Por el camino se ven hectáreas y hectáreas de plantaciones de café, la mayoría de dueños norteamericanos jubilados que tienen su retiro en Alto Boquete. Fue muy curioso descubrir de dónde viene el café, al menos para mí, que llevo toda la vida viendo los granos de café negros, pero nunca me había planteado qué forma tienen en la planta, ni cómo es esta. Aquí os dejo una foto por si vosotros tampoco sabéis cómo crece el café.
Por todo el camino se ven personas pertenecientes a la tribu indígena Ngäbe-Buglé, y se les reconoce por la vestimenta de las mujeres, un vestido ancho de colores muy llamativos (pero cada una de un color diferente) con un "babero" con el borde de colores, muy bonito la verdad. Los chicos van vestidos normal, aunque los rasgos de su cara les delata. Llama la atención la temprana edad con la que tienen hijos, se suelen ver niñas de entre 12 y 18 años con bebés en los brazos y algún otro hijo de la mano.
La naturaleza del paisaje es espectacular, y como hace esa inusual baja temperatura es un paseo muy agradable, además dura poco tiempo.
Cuando andábamos de vuelta por el otro lado del pueblo decidimos parar a tomar un café, no podíamos irnos sin probarlo, así que paramos en Ruiz, una exportadora de café muy conocida y nos tomamos un espresso, ¡muy rico!
Continuamos el paseo y nos encontramos con un jardín muy bello con un letrero que ponía: mi jardín es tu jardín. Toda la gente que había allí iba arregladísima, de domingo, y nosotros con las pintas de ir a la montaña, pero entramos igual a ver las florecitas y los pececitos de los estanques.Muy bonito, aunque por supuesto preferimos el paisaje natural...
Pasamos el resto del día paseando por el pueblo, que ya no tenía ese ambiente navideño, y al anochecer ya nos metimos en el hostal, ¡qué frío!
Amanecimos con ganas de montaña y decidimos ir a hacer la Ruta de los Quetzales. El Quetzal es un pájaro muuuy bonito, de colores y con una cola muy larga, aunque bastante difícil de ver en la naturaleza. ¡Había que probar suerte! Cogimos un minibus que nos llevó hasta Bajo Mono, a la entrada de la ruta. Dicen que si el guarda del parque te ve tienes que pagar 5$ para entrar, pero como no nos vio... ¡pues pa'lante! El sendero, que consta de 5 Km de subida por la montaña (y los 5 de vuelta) empieza suave, subidas y bajadas poco pronunciadas, puentes pequeños que cruzan ríos y alguna zona para descansar.
Más adelante empieza a ser un poco más duro, todo es subida, escalones enormes, ríos sin puente que tienes que cruzar por un tronco, ríos con puentes que se mueven demasiado y naturaleza espesa y desbordante.
A cada Km hay un descanso. Realmente el paisaje es inmejorable, árboles inmensos, lianas, muchísimas especies de plantas...nos encantó. Además como es todo subida no hace nada de frío, más bien se suda. Paramos para comer a los 4 Km y continuamos un poquito, pero la niebla nos alcanzó y decidimos volver, porqué arriba no se iba a ver nada.
Íbamos caminando de vuelta cuando de repente...¡se nos cruzó un Quetzal volando! ¡Increíble! Hicimos el camino de vuelta super felices de haberlo visto, pues poca gente tiene esa suerte. El resto de la tarde nos quedamos en el hostal, estábamos cansadísimos, mirando qué más podíamos hacer por allí.
Descubrimos que en el pueblo de al lado, en Palmira, hay un centro de rescate de animales salvajes y decidimos ir a verlo. Hicimos autostop hasta allí y cuando llegamos nos pareció que estaba cerrado, pues no veíamos a nadie, pero al cabo de un rato de gritar nos vino a abrir la señora. Nos hizo un recorrido por el recinto, y nos enseñó todos los animales que tenían allí: un mono araña, tres gatos, un erizo, un tucán, un búho, dos conejos, un guacamayo...nos dejó darle de comer al mono, al tucán y al búho, y nos dejó coger a los animales.
Al principio creíamos que era algo excepcional con nosotros porqué solo éramos dos y normalmente son grupos, pero más tarde llegó un grupo y todos empezaron a coger a los animales, a agobiarlos...y o nos gustó nada de nada. Además nos explicaron la historia de los animales y la mayoría no podían ser reintroducidos otra vez, cosa que tampoco nos gustó nada (los gatos eran gatos normales y los tenían en una jaula enanísima y decían que los tenían allí porqué eran salvajes...y los demás animales excepto el mono estaban todos en la misma pequeña jaula). Un poco decepcionados nos fuimos, esta vez en taxi compartido con una chica y su hijo. Nos dimos un paseo por el pueblo mirando las tiendecitas a ver si podía sacarle algo a David que le gustara, pus al día siguiente era su cumple). Comimos en el hostal y decidí darle una sorpresa a las 18h, que en España serían ya las 00h, y por lo tanto un cumple. Un rato antes de esa hora me escapé al supermercado diciéndole que iba a comprar chocolate para merendar. Compré un par de magdalenas y unas velas, y a las 18 y algo le canté el cumpleaños feliz (o lo intenté) y le di su regalo, una hamaca morada suuper bonita, para poder colgar en todos los sitios chulis que nos quedan por visitar.
Aunque yo no quería que pasara el día de su cumple en un autobús, él insistió en que quería pasar fin de año en Bocas del Toro, así que hicimos las maletas y nos fuimos para allá, aunque eso ya es otro capítulo...
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