Las aventuras de una viajera vegana

martes, 25 de agosto de 2015

Disfruta!

¡Hola a todos!
Hoy os traigo una especie de reflexión, ya que últimamente me han estado pasando cosas y creo que todo pasa por algo.
Desde hace tiempo me quejo por todo. Éste ha sido el último año de carrera y en el que he tenido menos asignaturas, pero más trabajo. Durante el curso he estado prácticamente aislada haciendo el proyecto final, lo que me ha llevado a quejarme constantemente de las ganas que tenía de acabar. Como "no tenía tiempo" dejé aparcadas varias actividades como el ballet, ir a hacer barranquismo, sacarme títulos de buceo, y varias salidas con mis amigos, que decía que las haría en octubre cuando acabara la temporada en el chiringuito. Al no vivir una situación muy agradable solo pensaba en que, cuando acabara la universidad y el trabajo, todo iría bien, ya que tengo un viaje a Centroamérica planeado para noviembre, dejando así de disfrutar todo lo que vivía en el presente.
Empecé a trabajar en el chiringuito, ¡con las ganas que tenía! Pero eso no fue suficiente para mí. Me quejaba de las pocas horas que trabajaba y el poco dinero que iba a ganar para poder hacer mi viaje. Me aumentaron las horas y hacía casi cada día entre 12 y 14, así que al cabo de un tiempo también me quejaba de la poca vida que tenía, de que no podía comer correctamente porqué no tenía tiempo de planearlo, de que no veía a nadie, estaba cansada y con ganas de hacer cosas que no fueran trabajar.
Así que en definitiva llevo desde inicio del curso pidiendo a gritos unas vacaciones, unos días para descansar, tiempo para hacer mis cosas, para hacer nada, para ver la tele (en casa de mis padres)...lo que conlleva malas caras, quejas por todo, peleas con mi pareja por nada, etc. dándole poco valor a lo que tengo en el momento.
Últimamente me había serenado y llevaba unas semanas intentando disfrutar más de todo, con un horario más normal, disfrutando la playa, las mañanas, la fruta, la gente que me rodeaba allí, la libertad de vivir en una furgo, mi novio, mi perro, mis cosas.
Pues bien, ahí va la enseñanza: resulta que yo creo que si deseas algo con mucha fuerza y realmente lo deseas, eso se acaba haciendo realidad, pero hay que tener mucho cuidado con como se piensa, cuidando los detalles y a poder ser sin lastimar a nadie ni a ti mismo. También creo que si uno no es agradecido esto no sirve de nada. De nada sirve pedir sin agradecer lo bueno que se tiene, sin disfrutar el momento "mientras esperas" que eso pase, sin vivir el presente, que es lo que realmente existe.
Hace pocas semanas todo se empezó a torcer. La furgo se averió 4 semanas consecutivas, y esta última vez lleva ya 2 semanas en el taller, lo que hace que nos tengamos que alojar cada noche en casa de algún compañero, que dependamos de que nos traigan y nos lleven cada día al trabajo, perro incluído, y que vayamos con las mochilas arriba y abajo. Rigodón, nuestro perro, que tiene un tumor en la cadera que hasta ahora no le había molestado, cada día está peor, ya no camina, no se levanta para hacer sus necesidades, etc. y el planteamiento de sacrificarle nos ronda la cabeza cada vez con más frecuencia, con todo nuestro dolor. Además de todo eso, y por si no fuera poco, el otro día caminando con la mochila a cuestas tropecé, me caí y me rompí un metatarso del pie, lo que me supone la baja de unos dos meses y reposo casi absoluto hasta entonces.
Aquí tengo lo que pedí: vacaciones, sofá, tele, buena comida, tiempo para mí, para hacer nada...¿pero a qué precio? ¿Vale la pena haber estado sufriendo para conseguir esto?
Estoy aprendiendo mucho aquí sentada en el sofá tantas horas. La vida hay que disfrutarla, nunca hay que dejar nada para más adelante, porqué puede que ese más adelante nunca llegue, hay que agradecer todo lo bueno que se tiene, porqué aunque a veces solo puedas ver cosas malas, te aseguro que existen otras muy buenas, que alomejor tienes que buscar un poco más. Nunca tienes que despreciar el momento que estás viviendo solo porqué estés esperando un momento mejor.
Disfruta de todo, de cada amanecer, de cada momento, de cada sonrisa, de cada beso, de cada canción, de cada viaje, de cada comida, de cada ladrido de tu perro, de cada despertar, de cada anochecer, de cada luna llena, de ver cada mañana el mar, de poderte bañar a diario, de tener un trabajo, de tener uno divertido, de ser apreciado por tus clientes, por tus compañeros, de cada locura, de cada llamada de tu madre, de tus hermanos...pues todo eso tiene un gran valor, y es lo que hace que la vida sea maravillosa. Haz planes y espéralos con ansia, pero nunca desprecies el momento, el ahora.
Ahora me toca descansar, recuperarme, y disfrutar de poder ver pelis, de poder hacer macramé, de poder cocinar lo que a mí me gusta, de estar con mis padres, de recibir visitas, de dormir sin despertador...¿y de planear todo lo que me queda por hacer y por vivir cuando vuelva a disponer de las dos piernas! ¡Oye, y que ésto no es tan malo! ¡Siempre se puede estar peor!


1 comentario:

  1. Te aplaudo por la reflexión! Y me siento identificada. A veces sólo vemos lo malo y pasamos por alto sentirnos agradecidos por lo que tenemos ahora. Hace un tiempo leí una frase que me apunté porque me gustó mucho: La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar.

    ResponderEliminar